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Dos veranos

Guy Roques es un especialista en narrativa de pesca a mosca. Ha editado ya muchas letras dedicadas a este tema, librosy artículos, han dado la vuelta al mundo y es reconocido internacionalmente por este mérito. Un francés “españolizado” que en esta ocasión traemos a los lectores del Blog de A Mosca uno de sus mejores relatos correspondiente al su libro Delirios de un pescador (I) Diálogos con mi sombrero, quq ajuicio de esta redacción es uno de los mejores libros publicados por Guy por su originalidad y calidad lieteraria. ¡Que lo disfruten!

– Pero Guri ¿qué es eso? Te vas a Esquel y otra vez no me llevas contigo. ¿Qué es lo que pretendes, que me pudra aquí en ese rincón húmedo y frío de tu taller?
– Tranqui, tranqui, no te pongas tan nervioso, es únicamente por ahorrarte. Tú también vas para viejo y si te sigo sacando al sol austral te irás agujereando como un cedazo.
– Todavía puedo aguantar. Hasta ahora sólo cambié de color y según algunas entendidas me va muy bien ese aro rojizo que me salió el año pasado.
– ¿Y quién es la entendida ésa?
– La gorra de tu hijo.
– ¿Qué cojones me cuentas? ¿La enseñaste a hablar por fin?
– ¡Sííí! Y algunas cosas más que te vi hacer a ti en el coche, ¡ja!¡ja!¡ja! ¡Lo bien que matamos el aburrimiento!
– No se puede hacer nada delante de ti, te portas peor que un crío  ¡con los años que tienes!
– Sólo tengo 10 años.
– ¡Sí! Pero los sombreros sois como los gatos, hay que multiplicar por 7 para tener la edad real.
– Pues, pregúntale a la gorrita lo que opina del setentón… Bueno…  Y ¿cómo te fue allá el año pasado con mi cuñado, el verde arrogante ése que preferiste llevarte?
– Mal en un primer tiempo. Ondulaba las alas como una gaviota herida. Le tuve que llevar a una sombrerería para que me lo arreglasen. Le cosieron un borde duro y todo quedó bien.
– Así pudiste seguir charlando. No hay quien te pare cuando pescas.
– No lo creas. No sé lo que le pasa a tu verde cuñado pero habla una mezcla de franco argentino medio rara y encima tartamudea.
– ¡Qué gracioso! Cuéntame algo.
– ¡Qué va!
– ¡Coño! No me hagas esperar más.
– Mira un día que pesqué una linda marrón me dijo así: “Te te fe-felicito, de de vuelta, por la ca-ca…” No puedes imaginar lo que le costó terminar la frase: “te te fe-felicito, de vuel-ta, por la ca-captu-tu, la ca-cap-tura. Ca-ca, ca-capaz que que, que pe-pesa un ki-ki, un ki-kilito.”
– ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Qué hijo de puta!¿ Pescaste muchas truchas?
– Más o menos como siempre, la rutina.
– ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Yo aquí pasando frío y humedad, ansiando la primavera y me hablas de rutina, el verano austral, las aguas limpias, las truchas activas y me hablas de rutina!!!
– Tienes razón Sombri. Nosotros los humanos nos acostumbramos al buen vivir, casi diría a la felicidad de la que sólo nos enteramos cuando nos pasa una desgracia.
– Veo que no te olvidaste de tus “filosoferías” en el otro hemisferio. ¿Fuiste a lo de Aladino a comer el corderito a la estaca?
– ¿Cómo no iba a ir? El cordero de Aladino es ya una institución.
– ¿Te comentó alguna novedad?
– Varias cosas y, como siempre, una salida de las suyas, de las que él solo es capaz. Fue a propósito de la sequía del verano 2003 en Francia.
– Supongo que le llegarían las tremendas noticias de los miles de muertos.
– ¡Por supuesto! Entre dos tragos de vino me dijo: “Mirá, Guri, eso no fue un accidente debido al clima, eso fue una matanza. 15.000 muertos no es un accidente. Algo pasó que no quieren decir los políticos…” ¡Bien puede ser Aladino, bien puede ser! Y añadió: “No te cuento cómo estaba preocupado por vos. ¡Che! Llamamos un par de veces por teléfono y nadie contestó lo que nos preocupó más. Yo le decía a mi  mujer, mira Elvia si yo fuese multimillonario armaría un helicóptero gigante para ir al Perito Moreno a sacar un enorme bloque de hielo y se lo mandaría a Guri, pobrecito, para que no pase tanto calor y no se me muera”.
– Y tú ¿Qué le contestaste?
– No me acuerdo. Celebramos la ocurrencia con risas y vino. Una vez más comprobé que los pobres tienen  su riqueza, Sombrero, y esta  riqueza de los pobres no tiene precio.