El sentido del olfato en las truchas

Desde la aparición del libro LA PRESENTACIÓN EN LA PESCA A MOSCA la editorial ha insistido una y otra vez en que esta publicación, hoy por hoy, es la biblia de la pesca a mosca. Se trata de un amplio tratado de la pesca a mosca de la trucha escrito por Gary A. Borger donde no se queda meramente en técnicas, sino que profundiza en lo más importante: conocer la trucha, su forma de sentir y su manera de sobrevivir. Y es que el conocimiento previo de la trucha, nos hará ser mejores pescadores, porque podremos comprender su comportamiento y nosotros sabremos cómo atajar los problemas de manera más eficaz.

Las fosas nasales de los peces son unos tubos en forma de “U”, tapizados con los nervios olfativos.

El sentido del olfato en las truchas
Las fosas nasales de los peces se componen de dos tubos en forma de “U”, localizados en la parte superior del morro. Las sustancias químicas del agua que pasa a través de estos tubos (según se aprecia en la figura) son detectadas por el nervio olfativo, que es alrededor de cien veces más sensible que el de los humanos. Sensible hasta tal punto, que una vez creada la impronta del olor de las aguas donde nació, un salmón es capaz de migrar al mar, pasar varios años allí, y regresar al río de su nacimiento simplemente olfateando el camino de vuelta.
Peces como la trucha, el lucio, el bass, el macabí, el tarpón, etc., cazan guiados principalmente por la vista, porque sus presas suelen moverse demasiado rápido como para que el olfato les sea de mucha utilidad. De esta manera, para los pescadores a mosca y aquellos que emplean señuelos, el sentido del olfato de los peces no es significativo. Pero estos mismos peces pueden usar —y lo hacen— su sentido del olfato para localizar alimentos que están estacionarios o que se mueven muy lentamente. Así, el sentido del olfato puede ser muy importante para los pescadores a cebo. Cualquiera que haya pescado truchas con maíz, luciopercas con lombriz, o clavado enormes lucios con un trozo de pececillo y un flotador, es consciente de que los peces usan su sentido del olfato para encontrar comida.
Los peces también emiten olores de alarma que otros peces pueden detectar. En la pesca de especies que van en bálamos, como el bass, los participantes en las competiciones (en las que se practica el “captura y suelta”), mantienen los peces en un vivero hasta que llega el momento de abandonar esa área concreta. Devolver al agua inmediatamente un pez alarmado, alertaría a los demás del bando de que hay un peligro cerca.